A veces ser testigo de mí misma, de mis pensamientos, de las motivaciones que me empujan a decir o hacer algo, no es fácil.

En ocasiones me veo horrorizada ante mi propia persona detestando aquello que surge sin control de mi interior. “¿Quién soy?” “¿Cómo he sido capaz?”

Es como mirarme desde el otro lado del espejo y no reconocer aquella imagen que se proyecta engreída, desganada, enajenada. “Esa no puedo ser yo”. “Eso no es lo que quiero decir”. “¿Qué estoy haciendo?”

Es como un momento que se congela en el tiempo y, pudiendo moverme a través de él, me observo desde afuera con genuina preocupación haciéndome un recorrido de trescientos sesenta grados que, sin más, me presenta a un pasajero extraño montado en mi tren. Por alguna razón, justo en ese instante paralizado, veo el esplendor de mi ego, soy consciente de él, y me avergüenzo por haberme dejado caer en sus redes seductoras. Sin embargo, me veo, y al hacerlo, también reconozco la esencia de aquello que me hace ser, y entonces, desechando esa esplendorosa oscuridad, vuelvo a encontrar la paz.

Quietud, quietud, quietud…

4 comentarios en “Ego

    1. No necesariamente, claro, pero lo que me llevó a escribir en ese monento, me produjo ese sentimiento. De todos modos, pienso que el ego nos separa de tanto, para empezar diría que de la misma felicidad. Pero bueno, esa es mi opinión. Un abrazo muy fuerte para ti.

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  1. Tal vez, si no viéramos como estamos acostumbrados a vernos, todo conflicto personal sería inexistente (o podría surgir algo peor, quién sabe).
    Hablar de “mi cuerpo” (o de “mi tren” jeje), nos hace pensarnos como seres construidos en partes y, si las vemos por separado, entonces nos hacemos ajenos a nosotros mismos, siendo que, al fin y al cabo, nuestro cuerpo somos nosotros, así como también nuestro pensamiento, un todo.
    El método cartesiano nos llevó a dividir para entender, pero es la integración la que nos hace comprender.

    Me gustó mucho lo que escribiste ¡me hizo pensar y recordar! Gracias 🙂

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    1. Me alegro de que te haya gustado. Mi contraparte aquí sería puntualizar que esto forma parte de un ejercicio de meditación. El ser capaz de seguir y ver pasar mis pensamientos. Todavía estoy trabajando en el ejercicio de abrazar y aceptar esas partes de mí que no necesariamente me gustan. Para mí está claro que somos un todo, pero no sólo con el cuerpo, sino que con Todo, jeje.
      Gracias por haberte pasado. Un abrazo.

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