Cuando sin un porqué, me contemplo las manos y veo las líneas que representan el paso de mis días y doy gracias, gracias, gracias...
Los «cuandos» de la felicidad.
Cuando sin un porqué, me contemplo las manos y veo las líneas que representan el paso de mis días y doy gracias, gracias, gracias...
Si nos ponemos a investigar qué parámetros hemos de seguir para que nuestro libro se convierta en un buen producto y venda, ¿no corremos el riesgo de regirnos por esas necesidades y no por las propias de nuestra historia, de nuestro corazón, de nuestro Llamado? Porque si una cosa tengo clara, es que voy a serle fiel a mi relato, a mis personajes pero, sobretodo, al mensaje guardado detrás de esas miles de palabras escritas desde la necesidad.
A pesar de que según me voy haciendo mayor esto de la vida va perdiendo el sentido...
La mosca se posó sobre el vómito de un perro y creyó haber encontrado el paraíso.
Más bien, ¿no seremos nosotros los tramposos? Hoy en día se habla muchísimo del amor propio, de amarse primero a uno mismo para después amar a los demás y así poder ser felices (y no me estoy refiriendo aquí a aquel que se niega el amor a sí mismo [problemas de autoestima y demás]).
Descubrí este blog hace poquito y los artículos que he leído me han sacado siempre una sonrisa. Con éste en particular, me he sentido tan identificada con su línea de pensamiento que no puedo hacer más que compartíroslo hoy. De verdad que vale la pena. Un abrazo. Origen: NO ESPERES A QUE PASE LA TORMENTA.…
El corazón de cualquier historia está conformado por aquellos que la viven: los personajes. Sin ellos, existe un profundo vacío en el que la narrativa pierde el sentido, porque sus pasos, sentimientos y decisiones son, en definitiva, los que marcan el curso de las múltiples travesías. Sus apariencias, voces e intenciones, colorean la trama con un tono determinado para hacer de su camino, uno creíble, vivible y, por qué no, deseado.
Me vuelvo loca. Cómo hacerle caso a la razón cuando el corazón no deja. Quisiera mirar hacia atrás para convertirme en una estatua de sal y no sentir más.
¡Hola a todos! Espero que estéis teniendo una estupenda semana. Os escribo porque necesito que me echéis un cable. He decidido comprar y leerme tres libros escritos por otros blogueros.