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¿Cuál es la mayor felicidad que eres capaz de imaginar? ¿Y el mayor desastre?

Escucho a Johann Sebastian Bach, abro mi cuaderno de tapas sucias y cojo el lápiz para seguir con el ejercicio sugerido por Brande (¿Eres capaz de responder a 3 preguntas?), dispuesta a contestar las preguntas que, aunque elaboradas gracias a una sencilla sucesión de palabras, me generan un mar de sensaciones.

Que ¿cuál es la mayor felicidad que soy capaz de imaginar?

Comer sin engordar.

Viajar a cualquier destino sin preocuparme de ningún gasto.

Estar prieta sin hacer ejercicio.

Ser una escritora publicada.

Ver a mis hijos crecer en salud, sabiduría y amor por el otro…

Me detengo.

“¡Profundiza Paloma, profundiza!” me exijo.

Las notas de Bach resuenan en mis oídos y me dejo llevar.

Veo un mundo en el que el misterio de la muerte ha sido revelado y en el que ésta, no es más que otro camino reconocido en el viaje de la vida.

Voces, caras, una súplica…

Inmediatamente las imágenes de cientos de niños sufrientes se aprietan entre sí buscando ser los primeros de la fila. “¡Piensa en mí! ¡En mí! ¡NO, hazlo en mí!” me gritan desesperados y, finalmente…

¿Cuál es la MAYOR felicidad, Paloma, cuál?

La mayor felicidad para mí sería que no hubieran guerras. Que no existieran las armas; que en las miradas de los hombres no hubiera odio ni maldad.

Me imagino una Humanidad que no ha perdido eso: su humanidad.

Veo un mundo en el que no necesitamos “tanto”, y en el que sabemos disfrutar de la vida con lo realmente imprescindible.

En mi mente se dibuja un mundo en el que nuestros ojos y su mirar, son tan profundos que somos capaces de observar la vida, en la propia composición atómica de una flor, de un árbol, de una liebre y hasta en la de nuestra piel, conociendo definitivamente que en realidad, somos uno y nada más.

Un mundo en el que el simple contemplar de mis manos al trabajar es un éxtasis de pura felicidad.

En el que las sonrisas de un niño, de un anciano son suficientes para ser con intensidad.

En donde las lágrimas son sólo de regocijo y el respirar es una fuente de constante meditación.

Donde el pan de cada día es para todos, y en el que la naturaleza es un templo, un santuario en el que estar es un privilegio y no un asumido derecho.

En donde se es siendo, estando a gusto en la libertad de la desnudez del cuerpo, del alma; comprendiendo que cual oruga encerrada en su capullo, las maravillas de la transformación del espíritu ocurren precisamente ahí: en el interior.

¿El mayor desastre?

Un mundo en el que finalmente el hombre, consumido por sí mismo y por su insaciable necesidad de más, se ha convertido en un ser irreconocible. En una máquina desalmada a la que la ausencia de sensibilidad, empatía y amor, corona con despotismo y vanagloria. En un animal ciego de codicia abandonado por su propia química y biología, transformado así en un monstruo capaz de destruirlo todo y a todos, quizá, con el simple apretar de un botón rojo.

Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Nada puede destruir a la Humanidad, excepto la Humanidad misma.

Pierre Teilhard de Chardin

Foto de portada: http://1.bp.blogspot.com/-ZxSLLuc43l0/Utj-LVcOiVI/AAAAAAAAADg/6jn7KSaC6LE/s1600/amor+odio.jpg

Un comentario en “¿Eres capaz de responder a 3 preguntas? Pregunta #2

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