A veces en la vida nos pasan cosas que nos pillan por sorpresa, pero lo importante en sí no es la sorpresa, sino cómo reaccionamos ante ella.
¡¡¡Madre mía!!! (2)
A veces en la vida nos pasan cosas que nos pillan por sorpresa, pero lo importante en sí no es la sorpresa, sino cómo reaccionamos ante ella.
Todos los artistas verdaderos, lo sepan o no, crean desde un lugar de no-mente, de quietud interior.
Si nos ponemos a investigar qué parámetros hemos de seguir para que nuestro libro se convierta en un buen producto y venda, ¿no corremos el riesgo de regirnos por esas necesidades y no por las propias de nuestra historia, de nuestro corazón, de nuestro Llamado? Porque si una cosa tengo clara, es que voy a serle fiel a mi relato, a mis personajes pero, sobretodo, al mensaje guardado detrás de esas miles de palabras escritas desde la necesidad.
Más bien, ¿no seremos nosotros los tramposos? Hoy en día se habla muchísimo del amor propio, de amarse primero a uno mismo para después amar a los demás y así poder ser felices (y no me estoy refiriendo aquí a aquel que se niega el amor a sí mismo [problemas de autoestima y demás]).
El corazón de cualquier historia está conformado por aquellos que la viven: los personajes. Sin ellos, existe un profundo vacío en el que la narrativa pierde el sentido, porque sus pasos, sentimientos y decisiones son, en definitiva, los que marcan el curso de las múltiples travesías. Sus apariencias, voces e intenciones, colorean la trama con un tono determinado para hacer de su camino, uno creíble, vivible y, por qué no, deseado.
¡Hola a todos! Espero que estéis teniendo una estupenda semana. Os escribo porque necesito que me echéis un cable. He decidido comprar y leerme tres libros escritos por otros blogueros.
En mi mente se dibuja un mundo en el que nuestros ojos y su mirar, son tan profundos que somos capaces de observar la vida en la propia composición atómica de una flor, de un árbol, de una liebre y hasta en la de una sonrisa.
Cuando nos enfrentamos al gigante de escribir una novela, nos podemos dar de bruces con una serie de excusas que consciente o inconscientemente nos obstaculicen el progreso de nuestro trabajo.
Lo prometido es deuda y aquí me encuentro, después de haber realizado el ejercicio que os propuse la semana pasada (¿Eres capaz de responder a 3 preguntas?), dispuesta a responder a la primera pregunta que escogí de las seis sugeridas.
Cuando me senté a escribir por primera vez lo que ahora se ha convertido en una novela, una de las cosas que más temía era enfrentarme a la elaboración de los diálogos.