La semana pasada prometí publicar otro fragmento de mi novela El llamado, y hoy tengo el gusto de cumplir con esa promesa y presentaros a un personaje muy especial: Elrick. Espero que lo disfrutéis y que podáis ver en este pedazo de historia, algo más del tono que baña el camino de Aurora, su protagonista. Probablemente se pierda el sentido porque no conocéis el trayecto de dicho camino, pero por lo menos, se presentan “pistas” de lo que podréis encontrar en la novela, esperemos que muy pronto.

Un abrazo.

 

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Elrick me abrazó con cierta tosquedad pero me sentí extrañamente bien entre sus brazos, estaba… a gusto.

La vergüenza se olvidó de mí y ya no me importaron ni los mocos que me goteaban hasta la comisura de los labios, ni estar en esa situación. Entonces, el anciano me apartó un poco, y con una mano tomó mi barbilla obligándome a levantar el rostro y verle.

—Pero muchacha… ¿Qué es lo que aflige a tu alma de esta manera?

Le miré y sin saber por qué, poco a poco, mi llanto fue desapareciendo. Su voz era profunda y algo ronca, pero me resultaba realmente agradable.

Como un padre a una hija, tomó mi mano y con movimientos lentos me indicó que nos dirigiéramos hacia los asientos de madera que estaban dispuestos frente a la chimenea. Me dejé querer pero, de repente, me detuve en un detalle que me resultó un tanto peculiar. Elrick llevaba las uñas pintadas de negro, y encima parecía un trabajo de manicura de alta calidad. No me atreví a mirarle y que se hiciera evidente mi sorpresa, pero cuando así lo hice, su rostro estuvo dominado por una ternura tal, que logró que de nuevo me sintiera sosegada.

Nos sentamos.

Me dedicó un gesto cándido y dio unos ligeros golpecitos sobre el reposa brazos de su asiento.

Se detuvo y giró su silla un poco hacia mí.

—Cuéntame…, por favor.

Con timidez, desvié la mirada hacia el fuego y durante más de un minuto, reinó el silencio. «Que ¿qué me afligía?» pensé. Era incapaz de abrir la boca y darle una respuesta sin comenzar a llorar otra vez. Además, aunque la respuesta me parecía obvia: «¡Hello! No sé qué diablos hago aquí», en la profundidad de ella había más. A parte de lo confundida que estaba, lo adolorida y lo asustada, mi alma estaba resentida, molesta, perturbada.

—Quiero irme —susurré finalmente.

Hum —musitó Elrick.

Sin duda no había sido lo suficientemente clara y como si de un sueño saliera, parpadeé varias veces y le volví a mirar. 

—Obviamente —señalé el suelo con decisión— ¡ESTO! es una fumada increíble. Estoy cansada… Es que…—bajé la voz— ¿Por qué estoy aquí? Quiero irme a casa.

—Ya veo, ya v…

—Además… —le interrumpí porque yo estaba disparada, la desesperación que sentía estaba a flor de piel y en mi interior, el impulso de soltarlo todo pudo con mi buen juicio. El me había dado cuerda, pues ahora que se atuviera a las consecuencias—. Además  —repetí ya con los ojos humedecidos— ¿Qué diablos me está pasando? —me bajé el cuello de la túnica y le enseñé la piedra rodeada de heridas—. Como si no fuera suficiente el hecho de no entender nada en mi vida normal, ahora resulta que estoy metida en este follón que vete tú a saber qué coño es todo esto y, pues yo, yo no puedo más…, y al principio los tenía de corbata pero ahora, ahora se me están poniendo en su lugar, y lo único que quiero es… —los ojos se me abrieron como platos al darme cuenta del tono que estaba utilizando, y cerré el pico de inmediato—. Perdón, lo siento —me froté la cara con las manos terminando con aquello que me estaba haciendo trizas.

¿Por qué carajo me había dejado hablarle así? ¿No se suponía que era un adulto responsable? No quería ofenderle bajo ningún concepto, y de pronto, me entró una enorme preocupación. Me moví intranquila en el asiento, deseando que él tomara el relevo y, gracias al cielo, así ocurrió.

—Creo que tengo algo que decirte que a lo mejor… te ayuda a ver las cosas con una mayor claridad.

«¡Estupendo! Adelante, por favor» repliqué histérica en mi interior y asentí con la cabeza. Sólo quería que me diera de una vez una puñetera explicación.

La Verdad, siempre nos refiere a la concordancia con lo real y lo real al parecer no siempre es tan evidente para todos.

—¿Qué? —le corté confundida. No entendí qué tenía que ver con el tema.

—Verás, estamos acostumbrados a vivir en el recinto estrecho de verdades perimetrales —usó sus manos para dibujar un cuadrado en el aire—, que hacen que nos sintamos… seguros, cómodos y correctos política y religiosamente también. No sabemos vivir fuera de los límites de nuestras verdades raquíticas y domésticas. Fuera de su ámbito —hizo como si rompiera el cuadrado— nos sentimos perdidos, porque demasiada dosis de Verdad es… insoportable. Así que construimos verdades particulares que nos facilitan la vida de sobresaltos.

—No entiendo, pero ¿qué tiene e…

—Lo que quiero decirte Aurora…, es que estás aquí para encontrar la Verdad —declaró con pasión.

—Pero yo no quiero. Lo único que quiero encontrar es el camino de vuelta a casa —repliqué cruzando los brazos.

—Precisamente, muchacha. El único camino que te llevará a casa es el mismo que te llevará a esa Verdad, y la única puerta de salida la podrás abrir, sola y exclusivamente cuando tus ojos vean.

—¿Vean el qué?

—Lo que tienes que ver.

—La única verdad de la que estoy convencida ahora mismo es que no entiendo ni “J” de lo que ha dicho.

—Aurora, estás aquí para llegar hasta el Gran Pórtico y abrirlo.

—¿El Gran qué? pero, ¿yo?

—Tu abuelo te ha designado a ti.

«Ay Dios mío, que alguien me de una paliza y así despierte» dije en mute.

¿Por qué yo?

14 comentarios en “Un pedazo de…

  1. Me parece que PUEDE ser interesante si además como piendoo tocas temas espirituales y de valores. Ya me dirás si lo públicas .Pues me gustaría tener una
    Sobrina escritora de éxito. SIGUE A DEL ANTE Y NO HAGAS MUCHO CASA A LAS CRÍTICAS. EL CORAZON ES EL QUE MANDA.Muchos besos y un fuetisimo abrazo de tu tio que re quiere Fernando

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    1. Hola Fernando! Qué bien que te guste y mil gracias por tus palabras, significan para mí muchísimo. Me dan mucha fuerza y empuje para seguir luchando. La novela está terminada y sí es un viaje espiritual envuelto en una aventura que hará que su personaje tenga que abrirse y evolucionar ante realidades nuevas y desafiantes. “El corazón es el que manda”. En esas palabras tan bien dichas, me apoyo para seguir adelante. Te quiero mucho. Un abrazo muy fuerte. Cualquier novedad estarás avisado 🤗

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  2. Estimada Sobrina te he puesto un comentario pero como yo no estoy muy ducho en esto de las redes.no se si te habrá llegado.Me ha encantado lo poco que he leído y te animo a que sigas escribiendo ese tipo de novela que nos hace pensar. No se si la tienes acabada y publicada dímelo pues ne gustaría leer entera.La verdad es que sois una familia de artistas y me alegra por la parte que me pueda tocar.Sigue adelante y no desanimes ante críticas que no salgan del corazón y sean mal intencionadas. MUCHOS BESOS Y UN ABRAZO FUERTE A TODOS

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